10º OBB: Microrrelatos de Julio Estefan

agosto 3, 2012 at 9:30 pm Deja un comentario

La mujer de Tol

a Julio Cazas Cardozo

Una antigua leyenda wankanari cuenta que, en el altiplano andino, hace miles de años, Tol y su mujer fueron visitados por dos extranjeros quienes les advirtieron del inminente fin de su pueblo, los urus, y les recomendaron cruzar el lago Minchín, si deseaban salvarse. Deberían navegar hacia el naciente y no darse vueltas a mirar, bajo ninguna circunstancia.
Obedientes, tomaron sus pertenencias, subieron a la vieja barcaza y emprendieron la huida. A mitad de camino, un gran resplandor iluminó el cielo y un estruendo se escuchó a sus espaldas.
La mujer de Tol quiso ver lo que sucedía y volteó hacia la aldea. Al instante, el lago se secó y el paisaje se vistió de un blanco inmaculado. A pie, Tol y su mujer, continuaron la marcha por el Salar de Uyuni.

Susto

— ¡Papá, papá! ¡Hay un hombre debajo de mi cama!
— Tranquilo, hijo. Tuviste una pesadilla. Recuerda lo que siempre nos dice tía Elvira: “¡Los hombres no existen!”.
Y el pequeño monstruito volvió a dormirse.

Los unicornios

Dicen que en el claro del bosque viven los últimos unicornios. La gente está inquieta: quieren capturar uno vivo y confirmar su existencia.
Dicen que para hacerlo, una doncella debe internarse en el bosque y el unicornio, dócilmente, saltará a sus brazos.
Una a una han enviado a todas la jóvenes del pueblo y cada una ha regresado con las manos vacías.
Por no descreer de las doncellas, dicen ahora que todo era un mito y el pueblo ha vuelto a la normalidad.
En el claro del bosque continúan viviendo los últimos unicornios, sin que nadie los moleste.

El señor Clemens y el cometa Halley

Cuando, en noviembre de 1835, el cometa Halley se acercaba a su perihelio, en Florida, un remoto pueblito de Missouri, nacía el niño Samuel Langhorne Clemens.
Curiosamente, 75 años después, cuando el cometa Halley estaba nuevamente en su perihelio, en su lecho de muerte, el señor Clemens anunciaba a sus deudos y amigos:
— He venido con el cometa y me iré con él.
El señor Clemens murió el 21 de abril de 1919, cumpliendo estrictamente con su vaticinio.
El mundo lo había conocido por sus asombrosas novelas de aventuras y por el famoso seudónimo con que las firmaba: Mark Twain.

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