8º OBB: Microrrelatos de Raúl Brasca

diciembre 16, 2011 at 5:15 pm Deja un comentario

Mujer que ama

Él citó a Canetti, dijo: “la felicidad, ese despreciable objetivo vital de los analfabetos”. Ella se encogió de hombros, lo amaba, admiraba su desapego de todas las formas de consuelo, su obstinación en desmantelar las trampas, su afán por ser en la verdad absoluta. Pero pensaba que la felicidad  bien valía el analfabetismo.

(de A buen entendedor, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010).

Vínculo indisoluble

Una mujer que no quiere a un hombre. Un hombre que no soporta que la mujer no lo quiera y la asedia.  La mujer que cultiva atentamente la mayor indiferencia hacia el hombre. El hombre que, estratégicamente, deja de asediarla. La mujer que advierte su necesidad de que el hombre la asedie y lo provoca. El hombre que vuelve a la carga satisfecho. El hombre y la mujer que por una vez coinciden y se eligen. Como rivales. Para toda la vida.

(de A buen entendedor, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010).

Familia bien constituida

Era una familia bien constituida: el hijo le robaba al padre para pagarle a la mucama que le prestaba su habitación para acostarse con el jardinero quien, a su vez, estaba sobornado por el contador, el que le pagaba por no revelar que era el amante de la madre a la que esquilmaba, sin saber que ella contaba con la anuencia del padre, que también prefería al jardinero, a pesar de que era chantajeado por él con la amenaza de descubrirlo ante su hijo, a sus ojos muy viril,  ya que solía verlo de madrugada salir del cuarto de la mucama, de quien todos ignoraban que era voyeurista y se pegaba a  los agujeros de las cerraduras más calientes de la casa.

Como a la mucama le convenía el silencio, a la madre sólo le importaba el amante, el padre contaba con muchísimo dinero y el jardinero tenía cuerda para rato, la estabilidad familiar estaba asegurada.

(de A buen entendedor, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010).

Vida de hotel

a José María Merino

Cuando se disipó el vaho, vio que el espejo reproducía en detalle  un baño igual al que él ocupaba,  no ese baño. Vio la imagen de un hombre desnudo que se le parecía en todo, no su imagen. Vio que el espanto en la cara del espejo era idéntico al suyo, pero no era su espanto. Y, cuando  abrió la boca aterrada para gritar, vio que al otro le faltaban dos incisivos con los que él efectivamente contaba.

—¡Ah! ¿Conque ésas teníamos?—,  murmuró.

Y recuperó la calma.

(de Babelia (El País), España, 01/09/2007).

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