8º OBB: Microrrelatos de Giselle Aronson

diciembre 16, 2011 at 5:13 pm Deja un comentario

Noche cerrada

Despertó en la madrugada, calculaba que serían las cuatro o las cinco. Se sobresaltó cuando notó la oscuridad absoluta a su alrededor, había olvidado dejar la luz del baño encendida, como lo hacía todas las noches. Recordó también que no había reemplazado la lamparita del velador cuando accionó la tecla y nada se encendió.
Se levantó y atravesó la puerta de su habitación, intuyendo el espacio. Cuando llegó al pasillo, su mano derecha se apoyó en la pared, así se guiaría hasta el baño y encendería esa luz. Pero la mano recorría la superficie fría y el marco nunca llegaba. Allí donde debía estar, no estaba. Creyendo estar desorientada, avanzó unos pasos más, sostenida por el tacto y el piso a sus pies. Nada cambió.
Se aseguró no estar soñando e intentó una alternativa: regresar a la cama. Se dio vuelta y rehizo el camino hacia la habitación. De nuevo, el muro se volvió interminable.
Entonces, encerrada en la negrura infinita, apoyó la espalda contra la pared, se deslizó hasta el suelo y así se quedó, abrazada a sus piernas, a esperar el día.

La otra historia

Laertes, querido padre:
Le envío esta carta con mi mensajero personal, quien seguramente llegará antes que yo.
La guerra de Troya ha concluido, con esta misiva también se anoticiará de nuestra victoria. Ya le narrarán los que regresen, los nuevos métodos y las originales estrategias que utilizamos; estoy seguro de que mucho se hablará al respecto y por un tiempo prolongado.
Demoraré mi retorno, padre. Gracias a Zeus, diez años he invertido en esta lucha, excusa que me ha sido concedida para no volver a enfrentar mis deberes de esposo. Usted conoce sobradamente las penurias domésticas y querrá para su hijo otro destino.
Me tomaré otros diez años para mi viaje de vuelta. Ya he estudiado el itinerario: Cicones, Lotófagos, quizás haga alguna escala en la Isla de los Cíclopes, también Circe y, sin duda, visitaré la Isla de las Sirenas; me intrigan esas criaturas.
Este hijo suyo le ruega ayuda, por su salud espiritual. A través de mi mensajero, me he anoticiado de que mi esposa aduce estar tejiendo una prenda para esperar mi llegada. El favor que le solicito es que usted, Padre, intervenga en la producción de hilados de Ítaca y reinos aledaños. Puede utilizar sus influencias para impedir la provisión de hebras, hilos, lanas, fibras de cualquier tipo. Quizás hasta podría contratar alguna cuadrilla que saquee y extermine el ganado ovino. Con esto bastará, aunque estoy seguro de que mi mujer, en su orgullo, se justificará diciendo que en realidad, desteje durante las noches. Ya conocemos su tozudez y ese capricho incomprensible de esperarme, inútilmente.
Espero el éxito de esta otra batalla, Padre mío.
Nos encontraremos a mi regreso.
Un abrazo de su hijo que lo venera,
O.

Retorcida
Ella fingía los orgasmos. Simulaba no tenerlos.

Hallazgo
La prueba de que los hombres han quedado fuera de la historia es que hubo un siglo XX pero no un siglo XY.

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