6º OBB: Microrrelatos de Jorge Accame

julio 29, 2011 at 5:14 pm 1 comentario

Un lago

El viejo entró a su casa, apoyó suavemente el hacha contra alguna forma vertical y cerró la puerta.
Deslumbrado por la oscuridad, al principio sólo escuchó olas y viento que rompían sobre una playa. Luego poco a poco, apareció a sus pies el lago buscando extensión hasta el horizonte. Antiguos bosques cubrían las márgenes y cortaban el aire cantos de pájaros exóticos.
No se inquietó: con los años había aprendido que el asombro demora inútilmente la fatalidad.
Extrajo anzuelos y tanza de un cajón y, arrugando la frente, definió una orilla para pescar.

El crimen

Ya estaba todo listo: la habitación en desorden, el cuchillo sobre la alfombra, manchas de sangre en el piso y en las paredes, los gritos girando alrededor del foco y golpeando contra las persianas cerradas.
Sólo faltaba que se cometiera el crimen.

El libro blanco

Un libro de la familia P. absorbía todos los papeles que se extraviaban en la casa.
Cierto día, el hijo mayor perdió unos poemas. Buscó el libro, lo abrió y encontró allí las hojas dobladas.
Más adelante, la hermana extravió una carta de amor y, preocupada, le contó a su madre. La mujer le dijo:
-¿Has buscado en el libro de la familia?
Ella sacó el libro de la biblioteca y halló la carta. Intrigada, preguntó:
-¿Cómo puede ser que todos los textos perdidos en la casa, desde dónde estén, sean absorbidos por este libro?
La mujer le sugirió entonces que lo hojeara.
La chica comprobó que sus páginas estaban en blanco, sin una letra impresa.
-Lo hemos heredado por generaciones –explicó la madre–. Sólo sabemos que nunca fue escrito.

La baldosa de Kranj

Hay una baldosa en el patio de una casa en Kranj que se desplaza y cambia de lugar (en realidad todas lo hacen).
Borut Veselko en 1615 sospechó que las baldosas se movían desde una vez que entró al patio descalzo y percibió un murmullo bajo sus pies. No encontraba manera de confirmarlo porque las baldosas eran todas iguales. Decidió entonces distinguir a una de ellas con una señal. Esa noche la baldosa marcada era la primera en la tercera línea norte. Al día siguiente se hallaba cuarta en la primera línea sur. Dos días después volvía al norte, luego nuevamente al sur y así continuaba su desplazamiento. Veselko y algunos miembros notables de su comunidad formaron un grupo de estudio que se avocó a trazar el itinerario de la baldosa y a relacionarlo con los cataclismos del mundo. Hoy la casa de Veselko pertenece al Municipio y está vedado el ingreso al público.

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1 comentario Add your own

  • 1. Patricia  |  septiembre 4, 2012 en 8:36 pm

    Son maravillosos. Con tan pocas palabras dice tanto

    Responder

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