7º OBB: Microrrelatos de Juan José Panno
Serie en homenaje a Monterroso
Con A:
Al amanecer, aquel antiquísimo animal aún acampaba allí.
Con E:
Epa. Espectacular especie extinguida está en el entrepiso. ¿Es ella? ¿Es ensueño?
Con C:
Cuando clareó, corroboré confundido como cierto característico cliptodonte continuaba caminando conmigo.
Con D:
Desperté. Dinosaurio, displicente, directo dijo: “dejá de dormir, desperazate y divisame”.
Con T:
Tras terrible trasnochada, tremendo tiranosaurio todavía transitaba todos tus tiempos.
Piel de Judas
Rajá pa dentro, rajá para dentro te digo, que te voy a arrancar la cabeza, te miraste como tenés las rodillas desgraciumana, me vas a volver loca, vos querés que me vuelva loca, que me internen en un manicomio querés, decí, decí la verad, callate la boca y andá a lavarte, mirá esas manos, vení para acá, vení para acá, mirate esos tobillos, ayyyy, el soponcio me agarra el soponcio, el hígado, ahora vas a ver cuando vuelva tu padre, porque con tu padre no jodés, claro, para eso está la señora, la sirvienta que te tiene que planchar la ropa, preparar la comida y vos en lo único que pensás es en jugar a la pelota con esa manga de atorrantes, te voy a mataaaar, un día se me va a terminar la paciencia y te voy a pegar una paliza que no te vas a olvidar en tu vida, eso querés ¿no?, tiene razón la Pocha, a ustedes hay que tenerlos cortitos, porque una les da el codo y se agarran todo el brazo, te dije media hora y mirá la hora que es, no me comés, no me hacés los deberes y encima te pasás toda la tarde con esa pelota de porquería, nooo, pero ya vas a ver cuando vuelva tu padre. ¿Sabés qué sos vos? Sos la piel de Judas, la peste bubónica sos, callate la boca, chito, chito eh, anda a lavarte, vení para acá, ¿te viste las zapatillas?, noooo, qué te vas a mirar vos si lo único que te importa es jugar a la pelota con los desgraciados esos, meta pelota y pelota todo el día y a mí que me parta un rayo ¿te vas a ir a lavar o no te vas a ir a lavar? ¡Esas rodillas! Percudidas las tenés, per-cu-di-das, te vas a tener que lavar con acaroina, ayyy, tu hermano no era así, ah nooo, el Carlitos es una monada, nunca me llamaron del colegio para decirme nada, nunca una palabra de más, un niño prodigio el Carlitos, no como vos, pedazo de bestia, machona de porquería, tendrías que haber sido varón vos, siempre lo dije.
Ladronzuelo
Asaltó una juguetería con un revólver de plástico. Se llevó una fortuna en billetes de lotería.
Sueños
El sábado a la noche el delantero soñó que en el partido del día siguiente ejecutaba un penal y era gol porque amagaba y disparaba a la izquierda del arquero que se iba, engañado, hacia su derecha.
El domingo, el árbitro cobró un penal para su equipo y el delantero, que tenía muy presente el sueño, amagó a la derecha y le dio hacia la izquierda del arquero, casi con displicencia, respondiendo a la premonición.
El arquero, que se había volcado justamente hacia su izquierda, no tuvo que hacer mucho esfuerzo para detener la pelota.
El delantero se quedó estático, azorado. La perturbación se multiplicó cuando el arquero, al pasar a su lado, mientras sacaba la pelota le dijo en tono canchero: “los sábados a la noche me tiro a la derecha, los domingos a la tarde, no”.
Reverendo
¿Sabe qué, Reverendo? Usted que santificó a los asesinos y satanizó a las madres desesperadas, usted que en los sermones hablaba de guerra sucia y justificaba el terrorismo de Estado en el nombre del Padre Capitalismo y del Santo Espíritu Occidental y Cristiano, usted que no puede ni quiere diferenciar una adopción de una apropiación, ¿sabe qué, Reverendo?, usted es un reverendo hijo de puta.
7º OBB: Microrrelatos de Leandro Hidalgo
Lo que somos
Todas las ciudades tienen su zoológico. A menudo los hombres necesitan recordarse lo que no son.
Sobre la ausencia
Ella le dijo te exijo el divorcio, una noche en una mesa. Pero él no estaba. Ya era ausencia. Él le había dicho te exijo el divorcio un año antes. Es así como suelen ser de discontinuos los tiempos de la exigencia.
El ovillo
Cada uno de nosotros en cada una de las puntas y desde ahí empezamos a tirar de la madeja en direcciones opuestas. Era extenso aquel ovillo hasta que quedó tensa la lana, cada uno en un lugar distante de cada uno, con una sola mano ocupada en sostener el extremo de un abrigo que no pudo ser.
Primer desamor
Una vieja vecina le ha dicho a mi madre que me mande al jardín de infantes, que me va a hacer bien. Yo sigo resistiéndome. Sé que después uno es arrancado súbitamente de su señorita y se sufre el primer y más largo desamor. Ningún niño de cuatro años enamora verdaderamente a una mujer de treinta y pico.
7ª OBB: Videos
Lectura de Leandro Hidalgo
Lectura de Laura Nicastro
Lectura de Juan José Panno
Lectura de Roberto Perinelli
Carrusel de microficciones y charla
7ª OBB: Escritores invitados
PERINELLI, Roberto. Argentino, nacido el 5 de enero de 1940. En su dilatada trayectoria de dramaturgo estrenó 25 obras en Buenos Aires, el interior de la república y el exterior. Con su obra Mil años de paz obtuvo el Premio Municipal de Dramaturgia, bienio 2001-2003, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante más de veinte años (hasta el 2006) dirigió la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires (más conocida como la EMAD), donde además dictó las cátedras de Análisis de textos, Historia del teatro y Dramaturgia.
Actualmente forma parte de la Comisión de Directiva de Argentores y desde 1990, año de su fundación, integra la Fundación Carlos Somigliana (SOMI), dedicada al estímulo del autor teatral y que en la actualidad se ocupa de la programación del Teatro del Pueblo.
Como microficcionista publicó en las revistas Status y Feriado Nacional. Algunos de sus microrrelatos integran los volúmenes colectivos Comitivas invisibles (compilado por Raúl Brasca y Luis Chitarroni), La pluma y el bisturí y Microbis, editado en Barcelona.
En fecha reciente compartió con Orlando Romano, Ildiko Valeria Nassr y Juan Romagnoli la antología de Raúl Brasca, 4 voces de la microficción argentina, que editó el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos para su colección Desde la gente.
PANNO, Juan José. Nací el 5 de febrero del ´49. Mil NUEVE cuarenta y nueve, aclaro por las dudas. Periodista más que escritor. Pasé por Clarín, Crónica, La Razón, El Gráfico, El Mundo, La Voz y, actualmente, Página 12. También trabajé en varias radios y en televisión. Soy coautor del primer Días de Radio, detrás del cartel de Ulanovsky, autor de Corazón y pases cortos (cuentos futboleros), Obras maestras del error (recopilación de furcios y metidas de pata en el periodismo), Pozo vacante y Juegos de fútbol. Dos de mis cuentos formaron parte de los libritos que el Ministerio de Educación repartió en las canchas. Tengo un sitio de textos breves www.cuentosymas.com.ar que, entre otras cosas, proveyó de material para los minicuentos que se leen en Teatro x la Identidad. En los ratos libres creo juegos de mesa.
NICASTRO, Laura. Nació en Buenos Aires (Argentina), estudió Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y asistió a los talleres de Abelardo Castillo. Residió dos años en Alemania. Pertenece a la generación de escritores que comenzaron a publicar en los ochenta.
Su obra incluye libros de cuentos -Los ladrones del fuego, Oyó que los pasos, Pueblos de Arena, Libro de los amores clandestinos, La Tigra y e-Nanos (microficciones), y novelas: Intangible y Jueves para siempre. Sus textos aparecieron y fueron traducidos en varias antologías y revistas locales y extranjeras. Además de otros, obtuvo el Premio Ricardo Rojas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por “Intangible”. Su blog: www.lauranicastro.blogspot.com
HIDALGO, Leandro. (Mendoza, Argentina, 1981). Sociólogo (Universidad Nacional de Cuyo). Como microrrelatista han recogido sus cuentos en revistas especializadas, antologías, diarios y páginas web nacionales e internacionales. Participó como escritor en distintas Jornadas y Congresos de la modalidad. Algunas de sus microficciones se encuentran en las antologías Mil y un cuentos de una línea (Ed. Thule, Barcelona) y Arden Andes (selección y prólogo de Sandra Bianchi, Ed. Macedonia). Su volumen de microficciones Capacho (Ed. Macedonia, Buenos Aires, 2010) es su primer libro editado. Su blog: www.capachobonsai.blogspot.com
7ª OBB: Invitación
Se viene la séptima edición de la Orden de la Brillante Brevedad. El próximo 20 de septiembre, a las 19:00hs, en Bar Sur, Balcarce y Estados Unidos, San Telmo, Ciudad de Buenos Aires. Participarán los escritores Leandro Hidalgo, Laura Nicastro, Juan José Panno y Roberto Perinelli.
Al finalizar habrá micrófono abierto para los integrantes del público que deseen leer sus microrrelatos, y se realizará un sorteo de libros de Macedonia Ediciones.
6º OBB: Microrrelatos de Eugenio Mandrini
Mamut en la noche inmensa
Soñó que el mamut muerto en el último invierno, el mamut más formidable, más temible y de más estremecedor pelaje oscuro que viera en su azarosa vida de cazador, volvía a buscarlo a él, de entre todos los hambrientos de la tribu que intervinieron en la cacería, sólo a él.
Después, la visión se trasladó a la realidad y el mamut aparecía, irremediable, en cualquier momento de la noche o cuando el fuego de la caverna volvía a la ceniza o aún mimetizado en la lluvia, en la niebla o en la humareda de los bosques incendiados. Entonces cerró todas las formas de la luz y la alucinación y se arrancó los ojos para no verlo más. Pero el mamut volvía siempre, irremediable, porque en el mundo de los ciegos, los ciegos ven.
Islas
En un abismo. En el cráter de un volcán. En un baldío (y si hubiera allí un perro con la mirada húmeda de océano, tanto mejor). En el fondo de un aljibe. En la cama (tal vez ésta lo sea todo). En la fe en Dios que promete la paz. En un patio (todo patio tiene el cielo adentro y es verde). En un libro. En el sueño. En el amor a un solo cuerpo o en la ventana que da a un solo paisaje. En el vino de Li-Po bajo la luna, y aún sin luna. En el cerrar de los ojos para no ver una sola escena más de este viejo mundo. En un banco de plaza entre el secreto de los árboles, o en la pared, al darle, exhausto, la espalda. En el silencio de un teatro vacío. En el bar más cercano a una noche de insomnio. En la lluvia para el melancólico que la bebe aunque no llueva. En todo eso puede haber (y la hay) una isla. Y con sólo un poco de aire, de distancia y de olvido, ella no tardará en aparecer en medio del mar más borrascoso o en la tierra más amarga. Se los dice alguien que es uno de los más grandes conocedores de esos viejos refugios de inmortalidad: yo, Robinson, que supe ser la isla de Defoe.
Monólogo del fantasma
Llegado el caso de convivir con alguien interesante, prefiero a los poetas antes que a los filósofos. Son más inciertos. Y además utilizan metáforas. Van a buscarlas a lugares tan distantes e intrincados que no puedo seguirlos, me fatigan, y entonces, a veces por un momento o bien durante días, según sea el peso o el fuego de las metáforas, aprovecho para liberarme de ellos: sus borradores sin término, las maldiciones a las musas, los terrores de verlos introducir en la boca de la locura sus cabezas desgreñadas.
Arte del conocimiento
Para saber, cada mañana al despertar, como seguía la vida de las gentes en este mundo, le bastaba con abrir la ventana y mirar las nubes: a veces tormentosas, en general cambiantes y fugaces.
6º OBB: Microrrelatos de Jorge Accame
Un lago
El viejo entró a su casa, apoyó suavemente el hacha contra alguna forma vertical y cerró la puerta.
Deslumbrado por la oscuridad, al principio sólo escuchó olas y viento que rompían sobre una playa. Luego poco a poco, apareció a sus pies el lago buscando extensión hasta el horizonte. Antiguos bosques cubrían las márgenes y cortaban el aire cantos de pájaros exóticos.
No se inquietó: con los años había aprendido que el asombro demora inútilmente la fatalidad.
Extrajo anzuelos y tanza de un cajón y, arrugando la frente, definió una orilla para pescar.
El crimen
Ya estaba todo listo: la habitación en desorden, el cuchillo sobre la alfombra, manchas de sangre en el piso y en las paredes, los gritos girando alrededor del foco y golpeando contra las persianas cerradas.
Sólo faltaba que se cometiera el crimen.
El libro blanco
Un libro de la familia P. absorbía todos los papeles que se extraviaban en la casa.
Cierto día, el hijo mayor perdió unos poemas. Buscó el libro, lo abrió y encontró allí las hojas dobladas.
Más adelante, la hermana extravió una carta de amor y, preocupada, le contó a su madre. La mujer le dijo:
-¿Has buscado en el libro de la familia?
Ella sacó el libro de la biblioteca y halló la carta. Intrigada, preguntó:
-¿Cómo puede ser que todos los textos perdidos en la casa, desde dónde estén, sean absorbidos por este libro?
La mujer le sugirió entonces que lo hojeara.
La chica comprobó que sus páginas estaban en blanco, sin una letra impresa.
-Lo hemos heredado por generaciones –explicó la madre–. Sólo sabemos que nunca fue escrito.
La baldosa de Kranj
Hay una baldosa en el patio de una casa en Kranj que se desplaza y cambia de lugar (en realidad todas lo hacen).
Borut Veselko en 1615 sospechó que las baldosas se movían desde una vez que entró al patio descalzo y percibió un murmullo bajo sus pies. No encontraba manera de confirmarlo porque las baldosas eran todas iguales. Decidió entonces distinguir a una de ellas con una señal. Esa noche la baldosa marcada era la primera en la tercera línea norte. Al día siguiente se hallaba cuarta en la primera línea sur. Dos días después volvía al norte, luego nuevamente al sur y así continuaba su desplazamiento. Veselko y algunos miembros notables de su comunidad formaron un grupo de estudio que se avocó a trazar el itinerario de la baldosa y a relacionarlo con los cataclismos del mundo. Hoy la casa de Veselko pertenece al Municipio y está vedado el ingreso al público.
6º OBB: Microrrelatos de Gloria Pampillo
Amor del mundo
Estaba sentada en el banco de una estación suburbana cuando el poste azul y rojo que sostenía el alero comenzó a alejarse. Detrás de él, en perspectiva, se recortaron el andén de enfrente y más atrás, los árboles. Había sido tan nítido y mágico, que no se lo contó a nadie. La vez siguiente, sucedió en una parada del colectivo. Como si alguien que la quería hubiera pensado en ella, el horizonte de la calle comenzó a descender. Esta vez, la alucinación fue cercana. El enrejado de alambre que la ceñía bajó casi rozando sus ojos. La última vez fue de noche. Por la ventanita del baño, vio sobre el techado de la cocina la cabeza de un hombre verde que se bamboleaba hacia adelante y hacia atrás. Estaba por gritar cuando un bostezo descomunal la llevó a la cama. A la mañana siguiente se asomó a la puerta, y vio que el mundo, inmóvil, aún dormía. “Gracias”, le dijo y él le sonrió en medio de su sueño.
Azar
A Luigi Galvani una rana y un plato de plomo le revelaron la electricidad de los animales, a Edison, el hilo del que pendía un botón de su camisa el filamento incandescente, a Newton una manzana lo despertó a la gravedad. La razón teme arrancarle al universo sus secretos mientras que al azar todo se le brinda. Y es que el universo no olvida que solo por azar existe y teme que por azar estalle.
Frases escarlata
A Franz Kafka
Era el hijo único de una madre viuda, y como la frase irónica y justa era también burlona, Isabel, alejada de él por la férrea oposición de la madre siempre calló. Pero cuando años después una mujer la llamó llorando para avisarle que él había muerto, Isabel abrió la boca y dijo: “Ella lo mató.” No habló más entonces, pero día a día el recuerdo le trajo alguna frase. Obediente, fue escribiendo: “Le negó el amor que él le suplicaba”, “Lo comparó con el hijo muerto rubio y bello”, “Lo abochornó ante las mujeres que amó”, “Le aseguró que solo se le acercaban por sus bienes”, “Lo dejó comer y fumar sin tregua, hasta que se volvió un tonel de cabeza pequeña y oscura”, “Miró hacia otro lado a medida que él se iba matando.” Cuando concluyó, alrededor de las frases trazó los arabescos. Luego se dirigió a la Colonia Penitenciaria y le alcanzó al comandante sus frases. Fiel a sus principios él las transformó en sentencias. Poco después las agujas de la Rastra las grabaron en el cuerpo blanco, inconmovible y frío de la madre viuda. Esa vez, la máquina no se descalabró.
Torquemada
Cada vez que nos mira desde su alto desdén, me hace pensar en Torquemada y enseguida recuerdo los pecados de mi vida. Es inteligente, erudito, estudioso incansable, elocuente y fanático. No hay con qué darle. Pero una vez que fuimos a su casa, vi sobre su cama, olvidado, un juego de pesas de gimnasia. Al irme, ya no estaban. Pensé que las había escondido y sentí por él una conmiseración y una pena infinitas. Sin embargo, cuando vuelvo a encontrarlo, recuerdo nuevamente mis pecados. Son tan negros como sus pesas, pero han desarrollado músculos que él no puede superar.






